sábado, 21 de agosto de 2010

CANDY CANDY PARTE II

A Candy, Leyhood le parecía una mansión vacía. Las blancas rosas del amanerado Anthony habían sido extirpadas de raiz para que la blondie sonsa no trajera a colación ningún solo recuerdo, el mínimo, es más, William alias Albert se había encargado de que toda evidencia sentimental desapareciera. Claro que fue ayudado por su montalbán digo su asistente personal, George. Georgie era el hombre de confianza, el handy man, el portapliegos, contrataba matones e incluso se tiraba a William de vez en cuando. A decir verdad William siempre lo amó. Pero la pregunta es: a qué hombre en la comarca no amó William o penetró o fue penetrado lo que fuere?

En cuanto a Candy, no había rosa, invento, refrán o pene que pudiera consolarla, si bien es cierto tomó la decisión de casarse con el patriarca de la familia Andry por despecho. Tenía dos años de casada y sólo la desfloraron en la noche de bodas. Estos 48 meses al lado de Willy le hicieron entrar en razón y darse cuenta que había una vida fuera de Leyhood. Ya no habían rosas blancas que le recordaran el nombre de Dulce Candy, no había ser humano que le recordara su cumpleaños un 15 de Mayo, esa mansión le traía mucha ambivalencia de sentimientos, su primer vals, los días de rodeo en el rancho de Tom y recuerdos de Anthony y del ni siquiera culminar sus estudios en el colegio San Pablo. Tantos rostros pasaban por su mente que ni tiempo tenía para pensar en los Leagan. Pero Albert insistió en vivir allí. Dejó de ser una simple enfermera para pasar a atender a su esposo el cual si no estaba en casa tiraba en el granero sabe Dios con quién y del mismo sexo, obvio ya sea el jardinero, el cartero, el lechero.

Ya era hora de cambiar. Ahora le tocaría vivir la vida antes que ésta la viviera y dejar de ser la estúpida del barrio, la niña idiota que dejaba que todos la dañaran, harta de dar siempre la otra mejilla decidió no dar nunca más la cara para ser abofeteada. Tantas penas? es justo esto para Candy? claro siempre mereció su suerte por tarada pero ya esto tenía que tener un fin. Todos los meses Willy le extendía un cheque para que fuera de compras e hiciera lo que realmente quería con el dinero. Pero ya las hormonas habían revoloteado en su cabeza y eso ni el dinero se lo podía dar a menos que saliera de esa prisión e incursionara en otra vida en la ciudad. De pronto algo increíble pasó: a Candy le dio un poco de malicia y decidió que ya era hora de joder a todos aquellos que en el pasado la aplastaron.
Qué idiota fui!! se decía, pero hoy nace la nueva Candy White. Ya el apellido de mierda de William se lo pasaba por el culo esbozó una sonria maliciosa frente al espejo. En estos momento solo un nombre rondaba su mente: TERRY, claro.

Oh, Clink, le decía a su coatí, ya es hora de que viaje a Londres, esto no es vida. Sentada sobre su sábana de seda comenzó a maquinar. Algo que raras veces había hecho a menos que fuera para alguna idea inocente de colegio. Ya era hora de tomar lo que era suyo, ir detrás de su hombre y no aguantar a la loca de su marido que luego de 2 años de matrimonio, una cachada de medio pelo con eyaculación prematura y cuartos separados, no tenía derecho alguno de estar a su lado, buscaría nuevamente su destino. Claro que la plata de la Willie ayudaba y ella vería la forma de arreglar todo este problema. Candy sólo pensaba en lo estupida que fue en aquel verano en Escocia al no haber besado más tiempo a Terry y obvio sin cachetada de por medio. Luego su encuentro en Manhattan había sido un fiasco, también debí besarlo en la estación del tren y debí besarlo siempre, se decía le otrora rubia idiota. Y el peor de todos los recuerdos como nosotros sabemos el haberle dejado a Susana la coja al cuero de TERRY. Eso no tenía perdón ahí si se graduó con honores en cojudez. Y así recordó lo animal que había sido y la cantidad de oportunidades que rechazó.aquel abrazo en que ella deja ir a Terry al lado de la coja Susana en su estupidez de dejarle el camino libre. Su vida amorosa había sido una mierda.

Toc toc, entró al cuarto Dorothy, a quien Candy contrató por un buen sueldo para que dejara a los Leagan:
Candy! se te antoja pasear esta tarde?
Si, Dorothy, acompáñame a la ciudad necesito comprar ropa nueva. Cabe recalcar para quellos que no recuerdan que Terry en algún momento fue a buscar a Candy dispuesto a irse con ella, pero albert se encargó de cagarles el plan.

La carroza se estacionó frente a una tienda de lencería finísima. Una vez dentro de la tienda se acercó una vendedora:
¿La puedo ayudar con algún modelito?
ELISA????? AMBAS SE MIRARON A LOS OJOS Candy!, se decía Elisa para sus adentros, la odio la odio la odio maldita ahora ella tiene dinero y yo no. Quién diría que mi otrora mucama ahora es su asistente personal.
Estoy de compras Elisa, te acuerdas como era eso??? Te acuerdas que ni vestidos querías prestarme?? Pues ahora yo puedo comprarme lo que me da la gana, le comunicó Candy a su ex rival. Debo decirte que nunca dejarás de ser una dama de establo, respondió Elisa con su recurrente speech.
Oh, Elisa, eso ya no me importa ahora yo soy rica y tu pobre. Ahora atiéndeme o hago que te despidan!., culminó Candy y sin tiempo para escuchar las cojudeces de la loquita salió llena de paquetes.

Archie ya había asumido su homosexualidad en Londres, a decir verdad la zorrona de Annie y la loca volvieron luego del almuerzo de camaradería a Londres para terminar sus estudios, Patty, en su defecto no quiso regresar al colegio San Pablo y partió a Nueva York con sus padres. Tras terminar sus estudios ambos ingresaron a la universidad de Cambridge, pero Annie ya no toleraba las mariconadas de Archibault por lo que decidió terminar su relación con él y comenzar a frecuentar a un grupo de nuevos amigos. Se escribía poco con Candy.
Una tarde saliendo de la universidad:
Annie, quieres acompañarme a una reunión de actores no quiero ir sola, le preguntó su ahora mejor amiga quien estudiaba Artes en Cambridge.
Habrán hombres solos? atinó a preguntar la perra.
Por supuesto amiga, ven para que olvides a Archie.
A decir verdad a Archie ya lo olvidé hace tiempo.

La loca de Archie nunca diose cuenta de lo mala amiga que había sido Annie. Hasta este momento Candy le había perdonado todo como ignorarla, dejarla en un orfanato, Annie era una chica dulce pero tenía un corazón oscuro. Era una mezcla de bondad y negatividad que nadie había podido notar. De alguna manera su distanciamiento con archie le ayudó a que su yo maldito emergiera de las bondades que ya tenía que poner a dormir para estrenar su nueva personalidad. Se había sentido todo el tiempo presa de este sentimiento y sus celos con Candy la martirizaban porque en el fondo Annie odiaba a Candy. Se hacía la cojuda pero era más perra que las arañas y más zorra que las gallinas una pendeja a carta cabal.

En dicha fiesta se encontraba Terry algo alcoholizado y ni bien entraron a la casa no dudaron en tomar una copa de chanpagne que el mozo les había alcanzado.
¿De quién es la fiesta?
Se la están haciendo a un artista que es famoso pero que también tiene fama de alcohólico. Dicen que tiene una mujer coja y que el es un bonbón. Todas están tras de él.
No digas, respondió Annie, intuyendo de quién se trataba, como decía a ésta no se le escapaba nada. Tras tragos y alegría Terry tomó del brazo a Aniie y le dijo para bailar una pieza. Ambos se miraron a los ojos y Terry la sujetó de los hombros:
Has venido con Candy? le dijo desesperado.
Annie lo miró y respondió: He venido sola, y ahora Candy es feliz al lado de William. Supiste que se casaron?, no podía dejar de soltar semejante veneno, y la verdad Terry, agregó la pedigree, son muy felices, terminó por hundir la daga con estilo.
Continuaron bailando y Annie lo tomó del cuello en señal de que esa noche nadie más bailaría con Terry.

continuará...

miércoles, 7 de julio de 2010

EL FINAL DE CANDY CANDY (EL VERIDICO) Parte I

El final que nos diera en el anime de Candy Candy en el año 1982 creo que de alguna manera perjudicó nuestras futuras vidas. Qué le pasó a Keiko Nagita la creadora? Es que tuvo una adolescencia frustrada? Es que hasta el día de hoy nos preguntamos por qué Terry se quedó con la coja de Susana? Por qué Candy perdonó tantas veces a la zorra de la Annie? Tantos por qués???? Incluso, por qué la voz de Candy Candy, la argentina cuyo nombre no recuerdo, habla como una Candy de 60 años!!! Es como escuchar que Candy envejeció. La queremos joven e idiota como fue aunque les adelanto que esto cambiará. Cómo a esta joponesa se le ocurrió hacer un final tan pero tan pero tan absurdo?? Ahora todos nosotros mujeres y hombres cuarentones queremos tener el verdadero final que a continuación contaré no sé si en 1, 2 ó hasta 3 partes. Tantos hilos sueltos, tantos rencores guardados, tantos deseos escondidos y tanta estupidez departe de los personajes sobretodo de la principal la muy aniñada, inocente, imbécil, tarada si mis queridos lectores hablo de Candy Candy.



Se encontraba Candy en la colina de Pony con Patty, la única y a mi parecer amiga más leal, Annie la zorra con la cabra de Archibauld alias Archie en el ambiente y justo en este momento es que Candy decide aceptar el alejamiento de Terry, quien estaba en Broadway muy ocupado haciendo obras teatrales digamos atado a la coja, pero a quien no sacaba de la habitación ni para respirar al parque. Se iba solo a los vernisages, a los cheese and wines de sus compañeros de teatro, agarraba con una que otra doncella de la obra y jamás se presentaba con Susana a ningún evento ni la llevaba al estreno de sus obras teatrales. Siempre con la mirada triste, solo y desesperado. Como todos sabemos el primer amor de Candy fue el príncipe de la Colina quien con su gaita iluminaba los ojos de la pobre huérfana. Este era en realidad William Andry que con el tiempo no sé qué enfermedad bipolar tuvo que se convirtió en hippie, luego en yuppie, luego en zoofílico y luego en cabro con falda osea un kilt. Un clavo saca a otro clavo. Fue entonces que el rubilindo niño fue sustituído por otro rubio más amanerado. Este era el poco varonil de Anthony, quien encima tenía las manos delicadas. A la muerte de Anthony (a quien nunca se le conoció pareja hombre), el único que pudo suplir ese amor fue Terry Granchester. Qué más se podía pedir? un tipo fuerte, alto, churro, elegante, con títulos, hijo de conde, hijo de actriz, regio, maravilloso y seguro bueno en la cama. Eso aún non lo sabía.


No sé por qué tanto freak en la familia Andry. Pero esa tarde en la colina, la llegada de Albert con la gaita en kilt, tratando de que Candy recordara el amor que tenía por el entonces chibolo príncipe fue infructuosa. Ella tenía en mente aún al macho de Terry en un caballo déspota, soberbio, con un buen bulto (aunque jamás lo dijera) y no a un maricueca en falda tratando de traer a colación las viejas ilusiones de un verano. Ya ni siquiera se llamaba Albert sino que ahora era William el sucesor de toda la fortuna. En realidad William era su verdadero nombre Albert era su nombre de batalla. A aquel en quien la tia abuela Elroy había depositado toda su fe para sacar adelante a sus hermanos y primos. Claro vale recalcar que la tia abuela era una lesbiana en potencia, ya que como recordarán la mujer era extremadamente fuerte para la época, poco femenina de ahí todos los cabros en la familia. Enfín, este petit comité de la colina se veía tan feliz que terminaron en un almuerzo de camaradería incluyendo a los huérfanos de la vieja guardia. Osea esos chibolitos del orfanato que se meaban la cama y jodían la paciencia a la señorita Pony y la hermana María. Tengo que enfatizar en Annie un poco para que luego conozcan su verdadero YO.

ANNIE: Annie llegó prácticamente con Candy al Hogar de Pony. Vivieron toda su infancia juntas y si bien es cierto ambas querían ser adoptadas y tener una familia, ponían ante todo su amistad. Claro Candy era la única idiota que no dejaría que la adopten por estar al costado de su amiga, sin darse cuenta que ésta ya tenía todo bajo control y que la traicionaría. El señor Ritter llegó por Candy y ésta fingió mojar la cama para no ser adoptada y en un cerrar y abrir de ojos, Annie ya se había trepado con maleta y todo en la carroza de los Ritter. Simplemente mis queridos lectores Annie chapó su calzón y su maleta y se cagó en la cojudez de Candy. A eso le llamo yo una reverenda zorra. Zorra porque la perra era muy astuta no idiota como la otra que creía en huevadas y la pobreza. Si esto le hizo a Candy cuando tenían 7 años de edad imagínense qué más pudo hacerle luego. Sin dejar de recordarles que en el colegio San Pablo le hizo roche por Archie, le dejó de hablar por parar con Elisa, siempre tan envidiosa de Candy y déjenme decirles que todos esos rencores no se solucionaron en la enfermería del colegio cuando la astuta mujerzuela le dijo a Candy que serían amigas nuevamente y para siempre ja ja ja me rio.



He terminado con la primera parte de Candy en realidad les he hecho una pequeña introducción para que luego sepan lo que leerán. En el segundo capítulo Candy todo empieza después de aquel almuerzo de camaraderia en la colina de Pony. Como pequeños momentos pueden cambiar el futuro de todos los personajes...

jueves, 17 de junio de 2010

KETI, UNA MUJER FEA

Corría desesperada y adolorida. Daba tumbos sin rumbo alguno pero huyendo. El turbante que llevaba en la cabeza y cabe recalcar que no estaba puesto sobre la cabeza, sino que se lo habían colocado de tal manera que le llegaba al cuello. no sabíamos si se lo habían colocado se lo habría colocado. Los orifiicios para los ojos eran pequeños, no faltaba una caída o tropezón. Finalmente cayó cual saco de papas al piso aterrizando sobre sus gordas nalgas y recotada contra una pared se preguntó: ¿por qué? con voz melancólica aparte de solloza.
Luego, comenzó a recordar temorosa:
Hola, como te llamas?
Kety
Eres bonita?
Mi cámara está malograda no puedo conectarla. De dónde eres?
Y así la mujer se las ingeniaba para cambiar de tema.
Este era el modus operandi de Kety, ella distraía a los hombres con alguna otra pregunta.
Pasaba la semana en que chateaba con la futura víctima y entre artimañas y distracciones y envío de foto falsa era como lograba concertar una cita en casa del escogido para tener una noche de cheese and wine.
Pobre Kety tenía que valerse de engaños para conocer a un hombre. Ya no perdía tiempo en fotoshops porque había tanto que cambiar en el rostro y en todo el cuerpo que más fácil era engañar en la pantalla y con foto falsa. Esa semana se encargaba de calentar al hombre a través del chat para que el gran día sea definitivo y la pudieran poseer sin preguntarse nada.
Mario como se llamaba el estafado no dudó en ir a comprar unos vinos, unos quesos de cabra y cambozola importados para no quedar mal, todos sus vinos eran Reserva y ya no le importaba el postrecito porque sabía que Kety se lo daría
No creo que la huevona sea fea y que la foto sea falsa; se preguntaba mientras que degustaba el queso que le daría a su futuro date.
Pobre Kety, no sabía lo que era jugarse con la ilusión arrecha de un joven de casi 30 años, o quizá si. Parece que la mujer tenía que valerse de cualquier jugarreta con tal de poder ser penetrada aunque con furia, desencanto, asco y arrechura. No importaba si se trataba de un pene sumamente disgustado. Excesivamente disgustado.

A estas alturas algunas personas se habían congregados alrededor de la mujer quejumbrosa tirada sobre el cemento.

Llegó a la puerta de su cita. No se permitió ni que la recogieran por el riesgo de poder ser empujada del carro a la mitad del camino. Tocó el timbre y el boso le sudaba.
Quién es? respondió una voz varonil y feliz.
Soy Kety.
Sube, respondió Mario. Al abrir la puerta de su depa, el hombre preguntó temeroso de quien se trataba, temeroso de escuchar la respuesta desgraciada y con la utópica esperanza que la mujer se hubiera equivocado de piso.
Quién eres disculpa?
Soy Kety, respondió sin convicción
El corazón del hombre comenzó a latir más rápido. De pronto se sintió imbécil, estúpido, tarado, desolado, amargado, enfurecido y antes que más adjetivos calificativos pudieran agobiarlo le tiró la puerta a la cosa que tenía parada frente a él. Respiró profundamente antes de cometer una locura con el cuchillo de los quesos, pero nuevamente respiró, exhaló y nuevamente abrió la puerta.
Allí se encontraba la rastrera aún parada y sujetando en las manos una tartita de maracuyá.
Pasa, ya había abierto un buen vino. Kety pasó antes que el individuo cambiara de idea y le esbosó una sonrisa de gracias, perdón y si quieres puedes follarme por mentirosa.
No había cerrádose la puerta y la insolente osó: podrías servirme una copita por favor?
Sírvetelo tú, que tengo que hacer una llamada, le respondió ahora el maquinador hombre.

ESTA HISTORIA CONTINUARÁ...
, y sin dudarlo dejó la puerta de su depa abierto para que cuando subiera por el ascensor entrara directo a la sala.
, como si el agresor no hubiera podido verla a la cara

lunes, 7 de junio de 2010

UNA CLIENTE DIFICIL PERO CON RAZON

Una tarde Marita decidió recibir su cumpleaños en un recomendadísimo restaurante en Barranco. En realidad el lugar estaba en un estratégico y lindo lugar ubicado donde anteriormente se levantadba La Ermita. Hacia arriba se podía observar el puente de los suspiros con enamorados y amigos caminando por ahí. Eso era para los que se sentaban en la terraza cuya reservación había que hacer previamente. Uno respiraba aire fresco, podía conversar amenamente sin escuchar el ruido de andentro que tenía una barra cuadrada, mesas, sillas y hasta espacio para bailar. No le faltaba nada aunque para Marita, lo más importante en un restaurante o pub eran: EL TRAGO Y LA COMIDA que aún no habían sido ni bebidos ni degustados.

Qué otra cosa podría pedir uno para calentar motores que no sea un rico pisco sour bien frío que esperaba llegara de color blanco en señal que acababa de ser licuado con la cantidad perfecta de sus ingredientes y vertido al vaso adornado non gotitas de amargo de angostura y que poco a poco el trago vaya cambiando de color siguiendo el curso de los minutos, se hacía la idea Marita.
"Señorita, venga, por favor un par de pisco sours", pidió el futuro estafado
Su esposa observaba todo el local en señal de aprobación, mientras esperaba su pisco sour para poder brindar. De pronto a medida que se acercaba la waitress a la mesa trayendo en sus manos dos vasos tamaño tipo vaso cervecero de una pinta, la sonrisa en la mujer se fue desdibujando poco a poco. Una vez puestos los jarrones sobre la mesa, los clientes notaron con más detalle que el líquido que parecía limonada hecha con azúcar rubia (por el color) y la espuma que yacía sobre este líquido era como esa espuma que trae el mar y deja en la orilla, no era necesario probar ese veneno para darse cuenta que era el peor pisco sour que Marita había visto en toda su puta vida. Tuvo que degustar esa cosa para poder sentenciarlo y al sorber casi escupe lo que había entrado a su boca.
"Han utilizado limones viejos.?" o podía creer la catadora.
"Lleveze esas garrafas de pisco sours y por favor tráiganos un verdadero pisco sour."
La muchacha entró y encima osó demorarse. Fue entonces que la catadora de aguas sucias decidió entrar y justo se encontró con la mesera. Esta le daba de probar el pisco a los meseros que por ahí se encontraban preguntándoles si les parecía malo. Como si la insolente muchachita no entendiera por qué este par de clientes devuelve el trago. Marita quedose pasmada pues cómo podría este chica poner en duda su paladar.
"Disculpa mamita, dile aquí al señor barman que simplemente que prepare dos pisco sours como tienen que ser porque eso que han llevado a la mesa es intomable.
Pues nuevamente salió la muchachita con los vasos en la mano.
"Pobre, se decía Marita, su madre nunca le enseñó a que cuando viene visita hay que ofrecer el café o la gaseosa o el agua mineral en azafate y con servilleta" "Oh pero qué pienso!".
El rostro de los nuevamente estafados se convirtió en risa al ver que habían traído la misma mierda, pero no porque fuera la misma, sino porque habían preparado otro par de pisco sours de la misma manera que visualmente uno se espantaba.
"Definitivamente, el pisco sour no es lo suyo"acotó la dueña del santo y rápidamente no dudo en pedir:
"Me traes un vodka con jugo de naranja?"
"inmediatamente, señora" contestó la mesera
Había transcurrido como 45 minutos y bueno Marita esperaba que por por el precio de dicho vodka, mínimo trajeran el vodka con hielo y la jarrita con jugo de naranja natural, la soñadora no había terminado ni de alucinar su segundo trago cuando sorprendentemente apareció la mesera con un azafate y con el segundo trago de la noche.
Al ver el color anaranjado crayola que tenía el vaso tuvo que beber una cuarta parte de sorbito para poder reclamarle:
"Disculpa, no tendrás jugo natural?"
No solo de caja, dijo la cholita oronda.
"Mamita, yo creí que por lo que pagaba me traerías la naranja del huerto y me la exprimirían delante mio para ver como aquel jugo natural caía directo a mi vaso" la cliente ya había alucinado propaganda de jugo de caja.
La mesera no entendió un carajo de la descripción irónica de la cliente.
"No te preocupes me traes una Cristal helada?" demandó sin convicción Marita.
La mujerzuela soltó una sonrisa y acotó:
"No tenemos Cristal, se nos acaba de terminar pero hay Peroni y Cuzqueña."
Marita se rió diciéndose: "No puedo creer esto ahorita salen Damián y el Toyo detrás de un arbusto.
Pidiose una cerveza importada y sólo esperó a que la comida pudiera compensar este mal momento ya que para cuando ella estaba tomando su cerveza, ya casi todos sus invitados estaban sentados alrededor.

Continuará esta historia...

miércoles, 3 de marzo de 2010

EL SEXO NO CUESTA TAN CARO, O A VECES SI

Siempre escuchaba decir "Pobre es tan fea que nunca tendrá sexo" "Debe de estar recontra aguantada" pero esas son cojudeces quién dice que las feas no tienen sexo???? La verdad es que el sexo se compra; es decir, las bonitas no necesitan comprarlo pero las que fueron poco agraciadas necesitan un bono extra que aportar.

Si mis querido lectores ahora las feas tiran más que uno. Y es que los fletes abundan. Hay fletes para todos los gustos aquí, en USA, en Cuba no sólo Marco Antonio tenía a Coco Gleni como flete sino que éstos existen en todas partes del mundo y brindan sus servicios a hombres, mujeres mayores de 40, homosexuales, lesbianas, con Sida sin Sida lo que quiera.com. Ellos no tienen escrúpulos le entran a todo y todo vale en la cama. Me imagino que cuando los hombres tiran con muchachas poco agraciadas (y en este rubro entra todo lo intirable) les tapan la cara, cierran los ojos, le ponen una almohada cuidando de no ahogarlas y si lo hacen mejor, pero ahora por medio del dinero o un canje de otro tipo ellas o ellos tienen derecho a que los miren al rostro mientras son penetradas/os y no vejadas/os por el sexo opuesto.

Conocí a una pobre mujer que decía que tenía sexo anal y que el penetrador le tapaba la cara con un turbante y le ponía una sábana blanca alrededor de todo el cuerpo dejando al aire su ano y la penetraba sin contemplaciones, sin vaselina y sin amor, la daba y se largaba. Ella decía que él quería experimentar cosas distintas pero todos sabíamos que el hombre no podía verla mientras la follaba porque seguro seguro vomitaba y le inventaba todo esto para poder cogérsela. Tendría ciertas aberraciones como todos los hombres tienen en secreto. Entonces chicas feas no teman hoy en día pueden hacer lo que quieran a cambio de dinero o comida. Eso va obvio para los gays y los hombres para todo el que se sienta aludido.

Hace poco estuve en el YARA de la Habana donde creo haber visto el mayor comercio de carne humana de todos los tipos. Había para todos los gustos: mujeres, hombres, animales, fetiches es decir ni en el mercado de surquillo había visto tanta variedad de fruta o verdura. Y la transacción no duraba ni 10 segundos, los hombres estaban ávidos por irse con lo que sea y eso eran muchas mujeres mayores de 45 años solas y sin compromiso que en vez de usar un consolador preferían invitar una hamburguesa con papas fritas más diez pesos o lo que su voluntad diga y claro pagar un hotelito al paso o vérselas para meter al individuo a un hotel de 5 o 4 estrellas que ya es un poco más fastidioso. Pero salen más que felices y lo que es mejor no tienen que repetir el mismo polvo todos los días aunque pienso que a cierta edad las mujeres se encaprichan con el mismo hombre o pene porque piensan que existe algo lindo. Esto es un meter y sacar, un dar y recibir, un yo como hamburguesa con pizza y te compro shampoo y tu fumas un cigarro luego del orgasmo.

Al día sgte. entonces van por otra presa. Ni siquiera presa porque esto es un intercambio. Entonces ya las mujeres mayores no debieran preocuparse por encamarse, ni las feas, ni los viejos, ni los jorobados, ni los contrahechos, ni los cojos hay de todo para todos. Lo que ud. quiera querido lector, EN EL YARA LO ENCONTRARA...

Y NO SE QUEJE.

martes, 2 de febrero de 2010

TRAVESTI EN DECADENCIA...

Tirso era un homosexual que vivía con su anciana madre. Oh la la! exclamaba Tirso, única expresión francesa que sabía, cabe recalcar. Madre, tus plantas se están muriendo y desplazaba a la vieja por todas las esquinas de la casona, mostrándole sus helechos en evidente estado de sequedad. Mamita, ya me cansé de pasearte todo el santo día. ¿Tu crees que me divierte gastar mis tacos? Son para mi espectáculo.

Tirso iba soplando el polvo de todos los avejentados muebles, éste le caía a la vieja en la paralizada cara. Mira los pisos madre, están hechos un desastre. Yo creo que ya es hora de que contrates a una doméstica. Tirso volteaba la silla de ruedas para que su madre pudiera admirarlo. Su hijo estaba vestido de geisha. Llevaba puesta una bata fucsia, con mariposas amarillas de vejez. La roída seda caía hasta sus espeluznantes rodillas. Tenía los labios de mismo color que la bata y una peineta de plástico rosada que sujetaba su opaco pelo. Yo creo que ya es tiempo de deciar la pensión de mi padre a dar brillo y opulencia a esta casa. No puede ser que las paredes estén tan resquebrajadas y agrietadas. esta vez prometo no gastarme el dinero en licor. Dichas estas palabras, se llevó a la boca una botella de pisco barato. La anciana trataba de expresar conformidad, con gran esfuerzo, en tanto su perro viejo Ulises, meaba sobre una de las ruedas de la silla. Yo sé que disfrutas secretamente de nuestra decadencia, madre, le decía en voz baja el travesti oriental.

En su adolescencia Tirso había trabajado limpiando pisos en un café teatro. también incursionó como barman en un local de lesbianas, pero al darse cuenta la dueña de que el licor desapare´cia, lo despidió. Finalmente, fue anfitrión den discotecas de ambiente y no pasó mucho tiempo para que surgiera como bailarín de travestis en espectáculos del submundo gay. Un puesto que muchos cabritos de mala muerte anhelaban. Utilizaba mallas, chaquetitas de lentejuelas y algo de maquillaje barato en el rostro para realizar coreografías junto al travesti de moda. Bailar lo era todo en ese momento. Muchos años más tarde, se dio cuenta de que no quería ser un vulgar cabrito. Toscamente, embadurnaba carmín para ocultar aquellas grietas en sus labrios. Difuminaba las sombras en sus arrugados párpados y ponía rubor en sus pómulos flojos. Atomizaba un aerosol de pintura negra y seguramente tóxico a su pelo, pues no podía darse el lujo de pintárselo. Poníase unos aretes de fantasía color dorado que iban de acuerdo con su largo vestido. No tenía muchas tenidas, pero las pocas que aún conservaba las cuidaba, puesto que cada espectáculo para él era su vida y pasión. La Diva era conocida por representar conocidas estrellas de Hollywood. Antiguas, claro. SEÑORAS Y SEÑORES ESTA NOCHE DEMOSLE LA BIENVENIDA A GRETA GARBO.

Caminaba elegantemente por el estrado. Nadie podría decir que su vida era lo contrario. Trataba de no balbucear y mostraba al público una amplia sonrisa. Su tamaño y su flaca contextura lo ayudaban a plasmar el verdadero caché de los artistas que encarnaba. Solo lo hacía feliz el poder brindar un buen show a aquel público sin mundo, sin clase y hambriento de morbo. Gente que huía de su realidad y se sumergía en este antro donde un viejo travesti podía ser la estrella. Una estrella sin luz, una estrella que vivía en la misería y una estrella borracha. La Diva se alcoholizaba en constante pánico a causa de su peor enemigo: El tiempo. Así trataba de olvidar que alguna vez fue joven. Se reincorporaba a sus ensayos practicando dentro de su recámara como si fuera la última noche de su vida, hasta que el acto fuera perfecto. Tenía público. Ulises, ¿te gustan mis tacos? Y a ti, madre, ¿te gusta cómo me he maquillado hoy? Su madre siempre muda. Mamita, seguro querrás preguntarme por qué hoy no estoy disfrazada. La Diva tenía puesta una bata de seda roja. No siempre podré complacerte, madre. La Diva echaba humo por la boca y tiraba las cenizas sobre las piernas de su progenitora. El olor a berrrinche era insoportable y las pugas saltaban de un lugar a otro mientras que su perro defecaba en donde le daba la gana. Entre tacos aguja y pestañas postizas, Tirso tropezaba torpemente por los tragos de veneno que se deslizaban por su garganta entre baile y canto. licor que acomodaba en la entrepierna de la anciana mientras no libaba. Mamita, no creas que he desperdiciado mi plata en este brebaje. El chino de la esquina me lo regaló a cambio de sexo oral.

Todos los sábados por la noche se congregaba un grupo de maricones en casa de Tirso. Trataba de olvidar que eran viejos, feos y patéticos. Vestían pantalones brillosos, de tanto uso, con camisas de imitación Versace, pues eran homosexuales sin mucho poder adquisitivo como para lucir ropa de marca, por lo que los llamaban en el ambiente loquitas bagres. ¿Mamá quieres que te lleve a tu habitación o quieres meterte un par de tiros? La diva empujaba la silla de ruedas riéndose de sus bromas. Cargaba a su madre y la acostaba, la cubría con una colcha sucia y le daba un beso en la frente. la Bendición, madre, le reclamaba antes de salir del cuarto. La vieja murmuraba cualquier cosa, luego Tirso regresaba con sus amigos y secaba la última gota de ron de su botella, esperando a que alguien se animara a compartir su coca. Todos contemplaban la droga, deleitándose mentalmente. Químico, que parecía pastillas chancadas con harina. Sabían que ese polvillo crema les causaría ardor al inhalarlo, porque estaba bien pateada, por más peinada que estuviera. No podían conseguir nada mejor que esa basura así que cualquier polvo les parecía bien. Bueno chicas, por yo ser dueña de casa jolo primera, advirtió Tirso. Préstame tu tarjeta de crédito, le dijo al gordo huahafo que tenía al costado. Todas las locas se rieron porque sabían que no tenían ni tarjeta de presentación. Luego de meterse tiros, ingerir alcohol y hablar incoherencias, decidieron salir.

Bajaron del taxi entre risas y griteríos para anunciar su llegada. Típico en las locas de edad que necesitan atención. En la puerta se encontraban los portieros de la discoteca que se guardaban el derecho de admisión. Cabe recalcar que en el mundo gay existía también esto. Ustedes no entran, les dijo el joven corpulento espantado de las ancianas travestis. Soy la Diva, ellos están conmigo. Era la única manera de que estas loquitas bagres pudieran entrar. Tirso tenía acceso gratis a la mayoría de locales de ambiente con clase y sin ésta. Todos la saludaban con besito y le rendían suma pleitesía. Al cruzar el umbral bajaban cuidadosamente por unas escaleras alfombradas de color rojo, y alumbradas con luz fluorescente. Parecía el injerto de chifa y burdel. Mucho glamour barato, brillo, escarcha, flores de plástico y esculturas coloridas. La música disco iba aumentando en volumen a medida que se aproximaban a la pista de baile y una vez dentro las promiscuas ovejas se disiparon. al menos eran conscientes de que juntas espantaban a la clientela. tirso se apoyaba en una columna y miraba cómo aquellos cuerpos jóvenes y musculosos se contorneaban al ritmo de la música haciendo alarde del gimnasio que pagaban. Politos blancos con manga cero, vaqueros ajustados mostrando los glúteos bien trabajados y mucho gel. El ambiente estaba cargado de hedores, humo, sonrisas seductoras, ojos desviados, poros abiertos, caras grasosas y cuerpos sudorosos chocando unos contra otros, sumergiéndose en esta grotesca sopa de fluidos. La Diva esperaba cautelosa, para dar rienda suleta a sus más bajos instintos.

Las horas pasaron y el alcohol había hecho efecto. Tirso no le había quitado la mirada a aquel cuerpo monumental que , caminando en zigzag, abrazaba a los presentes para no caerse. Era hí que entraba en acción. La tarántula arrastraría al escarabajo a su nido, un lugar oscuro y lúgubre, una esquina donde le metería la lengua dentro de la garganta, como consecuencia de una excitación excesiva. Pues besar a un joven guapo y borracho no era pan de todos lo días. Tirso atacaba a los que ya no podían mantenerse de pie y mejor aún, si habían perdido el conocimiento La diva se acordaba de que no muy lejos habían hotelitos de una estrella que, sin embargo, no podía pagar. Entonces, cargaba con la presa hasta su casa. Una vez en su habitación postró al joven sobre su cama. Lo desvistió con dificultad, temeroso de que éste despertara y lo golpeara. Ese jean ajustado no era tan fácil de sacar. Le quitó las medias y le lamió cada uno de los dedos del pie. Una vez que su víctima se encontraba desnuda, acarició sus pectorales y comenzó a olfatear el aroma de la juventud, aquella que en algún momento tuvo. Pasaba nerviosamente sus manos por las entrepiernas del desmayado hasta llegar a los genitales. Cogió con ansiedad los testículos estrejándolos con miedo. se aferró a ellos sabiendo que pronto desaparecerían de sus manos. Era denigrante tener sexo con un hombre inconsciente, pero más denigrante aún, era no tner sexo.

Esto amerita un trago, se dijo, mientras admiraba la carne fresca. Abrió una lata de galletas y sacó una botella pequeña de ron. Sorbió ansoso y se fue desvistiendo dejando a la intemperie su cuerpo disecado. Tenía el pellejo pegado al hueso, parecía un perro callejero mal nutrido. Su vello púbico era canoso y sus testículos estaban descolgadísimos. Se arrodilló sobre la cama con dificultad y miedo a caer sobre el adonis durmiente. Mojó sus labios con saliva para no lijar la piel del muchacho y besó su blanco y lozana piel. Esto es rico, se decía mientras seguía lamiendo todas las cavidades de ese maravilloso cuerpo. Tirso deseaba quedarse con él para siempre. Cerraba los ojos y pensaba en piel tersa, genitales firmes y un rostro fresco. No deseaba despertar para toparse con su sórdida inmundicia, su degradante vida y la utopía de algún día encontrar a una pareja. Qué asco, moriremos locas y solas, se decía aterrado en tanto volteaba morbosamente a su víctima. No veía las horas de meter su semi flácido miembro. a medida que arremetía contra su víctima, el somier del colchón comenzaba a chirrear, arrullando a su madre. Deseaba que ésta pudiera vocalizar, para que le diera su aprobación de cuanto hombre metía a su descuidada casa. entre que metía y sacaba el falo pensaba lo lindo que sería tener una pareja estable que lo acompañe hasta el final de sus días y le limpie el culo y le seque la boca cuando las babas se le cayeran, aunque pronto moriría de cirrosis. Una pareja que lo ayude con su madre y le sea fiel. Qué idiotez, se decía, ¿qué estoy pensando? Todas las locas somos promiscuas y putas. No existe el amor homosexual. Yo creo que mi mamita no maldice su útero por haberme parido, y ahogó un grito quedando tendido sobre el dorso del joven. Las gotas de sudor corrían por su frente y mojaban el cuello del sodomizado.

Al día siguiente, en medio del vaho, La Diva admiraba su triunfo mientras fumaba un cigarrillo en señal de satisfacción. Se había puesto una bata gris otrora negra. Lo que había sido un cadáver en vida se iba recuperando, desencogiéndose de a pocos y postrándose al borde de la ruidosa cama. Al ver a un viejo repulsivo con una mirada relajada cerró los ojos y los volvió a abrir con la esperanza de que fuera una pesadilla. El viejo continuaba ahí sentado. El joven vomitó y luego le preguntó: ¿Me invitas un cigarrillo? su brazo se estiraba tembloroso. ¿Qué me ha pasado? ¿Qué me has hecho? y trataba de prender su cigarrillo con un encendedor de bailarina de ballet que Tirso le había alcanzado. Nada que no quisiera, respondió la Diva expeliendo el humo con caché. ¿Cuántos años tienes ah? seguro que unos 80. ¿Qué asco! ¿No te da vergüenza aprovecharte de los borrachos? Y terminó escupiendo al piso. La Diva lo miró de reojo y le dijo Estabas más ebrio que yo y recuerdo que me disjite que por un par de tiros le entrabas a todo. Así silenció al atrevido. ¿Y aún te queda algo? preguntó ansioso el muchacho. Como respuesta, Tirso le fue alcanzando su ropa. La diva sacó un billete que tenía escondido dentro de una pantimedia. Lo metió con sus propias manos en el bolsillo posterior del jean, para poder, asi, sentir por última vez el prominente glúteo del flete.

Tirso se tiró sobre su cama. Esta aún olía a sexo. Respiro fuertemente uno y otra vez sabiendo que el aroma del joven se desvanecería pronto. Luego, prendió otro cigarro. Ulises se había echado a su costado, rascando sus pulgas. La soledad atormentaba al travesti. Por la puerta se acababa de ir aquella juventud que había traído a su noche placer y éxtasis. era cierto que no siempre se encontraba un borracho bonito. Tirso observaba las telas de araño en el techo de su cuarto recordándole la falta de una doméstica. sabía que cualquier víctima que amaneciera en ese cuarto jamás regresaría y menos después de verlo a él. Definitivamente, tirso no era una figura para ver calato a primera hora de la mañana, ni de la tarde ni de la noche. Ulises comenzó a jalarlo de la bata con sus dientes, recordándole que er hora de la rutina diaria. La Diva se puso de pie y se fue a la habitación contigua. Cargó a su madre y la puso en la silla de ruedas.
Madre, hoy día me da flojera bañarte, estoy con resaca. Sólo habrá paseo.

viernes, 29 de enero de 2010

NO LE MIENTAS A CECILIA POR INTERNET...

El cuerpo del indígena yacía sobre la cama, mientras Cecilia tomaba una ducha y cantaba en inglés. El jabón olía a detergente barato. Tendría que secarse con esa toalla de felpa blanca tan áspera como las sábanas. Serenamente, se vestía recriminando al inanimado cuerpo. ¿Tú sabes lo que significa guapo y atlético? ¿No te dije que odiaba la mentira? Después de reventarse una espinilla frente al espejo sonrió con optimismo, cogió sus pertenencias y salió.

Cecilia arrastraba su maleta con premura y empujaba abriéndose paso entre la gente. NO veía las horas de estar en el avión. Sus indiferentes ojos miraban en todas direcciones. La counter gastaba saliva explicandole sobre el boarding pass. Poco antes de pasar a la sala de embarque vio algo que la tentó.
Brad Pitt: Hola
Venus: Edad, ciudad
Brad Pitt: 17, Caracas
Cecilia había escogido a la diosa del amor por nickname. No le interesaba conversar con adolescentes.
Peter: HI
Venus: hi, a/s/p
Peter: 25, M, New York
Venus: send me a pic
Peter: I am handsome, sweetheart
Venus: Are you sure about that?? I don't like liers
Una línea aérea anunciaba su vuelo con destino a Miami. Antes de dirigirse a la sala de embarque quemaba sus últimos minutos en aquella pantalla de fantasía.

Buenos días, una sonrisa obligada le daba la bienvenida. Cecilia avanzaba por al angosto pasillo empujando a la gente. Su sitio estaba al costado de la ventana como ella había solicitado. Una vez sentada, se divertía observando a los pasajeros que tenían dificultades en acomodar su equipaje en la cabina. Sacó de su bolsillo unas gomas de osito, comenzó a masticarlas con avidez y espero que a alguien le cayera alguna maleta en la cabeza.

Cecilia hacía caso omiso a las indicaciones de las uniformadas que paradas en el pasillo mostraban con sus brazos las puertas laterales del avión, haciendo creer a los ilusos pasajeros que si el avión se estrellaba, alguien tendría la posibilidad de salvarse. La ciudad se hacía pequeña como una maqueta y Cecilia deseaba vomitar sobre aquellos techos mohosos y opacos que daban una impresión de suciedad y pobreza.
¿Desea unos audífonos para escuchar la película? le preguntó un amanerado joven.
Deseo que me dejen en paz.
Luego cerró los ojos y recordó.
Vampiro: Qué lindo nick ¿eres una diosa?
Venus: Por supuesto. Edad, sexo, país
Vampiro: 29, m, Perú
Venus: Cómo eres?
Vampiro: Alto, guapo y atlético
Venus: De verdad? Mira que detesto que me estafen.
Vampiro: ¿Qué sentido tendría mentirte? ¿De qué color es tu sostén?
Venus: Veo que eres rápido. Negro de encaje. Ya que te asinceras tan rápido, quisieras tirarme?
Vampiro: Claro que si. ¿Como estás vestida?
Venus: Eso que te importa acaso eres fetiche??
Vampiro: Me gusta que seas directa muñeca
Venus: ¿Te parece si nos vemos esta tarde?
Cecilia se desconectó para darse un duchazo. No veía las horas de ser poseída.

El hombre que atendía en la recepción no prestaba mucho interés en los clientes. Sólo se limitaba a entregar llaves y asegurarse de la previa cancelación de treinta soles.
Disculpa, la habitación de una tal vampiro?
La 202
Cecilia subía las escaleras imaginando lo que haría. Los fluidos que generaba su vagina habían traspasado el calzón hasta humedecer incluso su pantalón. La puerta estaba abierta y entró. Al cruzar el umbral percibió un fuerte vaho. El cuarto era un refugio para parejas desenfrenadas que daban rienda suelta a sus más bajos instintos. En el medio, se encontraba una cama de dos plazas cubierta por una colcha huachafa y barata. El ambiente estaba caldeado y podía percibir el olor a sexo. Vampiro apareció tras la puerta del baño con el torso descubierto y una toalla blanca amarrada a la cintura. La descripción no coincidía con la realidad. De alto, atlético y bien parecido hombre, Cecilia tenía ante ella a un antónimo.
Hola, Venus, realmente eres preciosa
Lástima que no pueda decir lo mismo de ti.
Ja ja, esbozó una sonrisa nerviosa y acotó: tu sabes el juego del chat es así.
Lo de la mentira lo vamos a arreglar después. Ahora sólo me interesa saciar mi sed de sexo. Diciendo estas palabras, se acercó al enano engendro y le arrancó la toalla de un jalón. Entonces obserbó interesada, lo único que realmente valía la pena en ese cuerpo humano. Eso era el miembro viril, que muerto y flácido daba la sensación de medir unos veinte centímetros.

Cecilia comenzó a desvestirse ante los anonadados ojos del indígena quien había sido aceptado por ella pese a su engaño. Vampiro la sujetó fuertemente de ambos brazos y comenzó a besarla con ferocidad. Entre besos y mordiscos, el hombre se las ingenió para destapar la colcha. La tiró sobre las acartonadas sábanas, otrora blancas y siguió besando con desesperación el cuerpo de la mujer mientras ésta jadeaba. Cecilia sentía que su espalda se raspaba contra la alijada sábana debido al peso que tenía sobre ella, pero no le importaba. A pesar del asco, estába excitadísima y embriagada de placer. Sentía que el flácido músculo se había transformado en un mazo duro y caliente que se frotaba con su pubis. Ambos gemían y no dejaban de segreggar líquido de sus genitales. Vampiro la penetró con facilidad. Cecilia gritaba frenéticamente y deliraba con los ojos desorbitados. El semental, ahora también apestoso arremetía su órgano brutalmente contra la vagina y el sudor de ambos caía. Vampiro ahogó un grito sobre el hombro de su diosa y el ajetreo cesó. Cecilia no había llegado al orgasmo.

Desea pollo con vegetales o carne con tortilla de papa?
Una azafata le ofrecía el almuerzo.
Dije que me dejaran en paz, señorita respondió la iracunda soñadora y volvió a sus recuerdos.

¿Te gustaría limpiármelo con la lengua? sugirió el atrevido contrahecho.
Cecilia estaba enloquecida y sólo se dejaba guiar por su instinto animal, el cual había aflorado. Se puso de cuclillas para cometer felatio. Entre sus dedos tenía el pene de Vampiro aún latente. El glande tenía residuos de semen. Una vez que se metió el miembro en la boca, no podía tragárselo todo. Lo succionaba con ganas pero ella no se había olvidado de la mentira. Con los ojos bien abiertos para poder ver el gesto su víctima, mordió el músculo semi flácido con tal arrebato y odio que Vampiro lanzó un grito de dolor insufrible, pensando que había sido cercenado. Los dientes de Cecilia estaban impregnados de sangre.
Maldita loca!!! gritaba el adolorido indígena, protegiendo su virilidad.

Cecilia tenía que silenciarlo. Gritaba mucho y la trastornaba. En menos de un minuto hurgó en su mochila y encontró un alambre. Saltó sobre la cama aprovechando que el semi castrado hombre se lamentaba. Le colocó el fino pero eficaz alambre alrededor del cuello y lo jaló con mucha fuerza mientras contaba hasta 50 en alemán. Vampiro trató infructuosamente de zafarse del fatal castigo. Los ojo casi se le salían y su cara estaba morada. Al final del conteo, la políglota aflojó. Con un suspiro, desenrolló el arma asesina para guardarla nuevamente. Una vez más no utilizaría el alambre en una de sus extravagantes esculturas.
¿Me invitas un whisky? preguntó Cecilia
Disculpe señorita pero ya estamos por aterrizar.

Bajó del avión desesperada. Esperaba tener suerte esta vez. Tenía que encontrarse con un judío adinerado cuyo nickname era Lancelot. El era operador del canal de Florida y la había invitado a psar una semana en su pent house ubicado en Ocean Drive, tras 4 semanas de chateo incesante. ¿Qué exquisitez! pensaba la asesina, una semanita en la playa, sexo todo el día y compras en los malls. Saliendo de migraciones un hombre de unos 40 años portaba un cartel que decía CECILIA. La sonrisa de la viajera se fue desdibujando a medida que se aproximaba, pero algo le recordaba que debía fingir. Y sonriente frente a la persona del cartel:
¿Lancelot? Perdón, eres Jacobo?
Si, cómo estás mi querida Venus? le respondió con suprema felicidad.
Al menos camino quizo responderle ella.
Cecilia empujaba la silla de ruedas consolando al paralítico.
No te preocupes, todos mentimos en el mundo del chat.
¿Te gustaría pasear por South Beach? le preguntó el parapléjico ignorando que lo que la mujer necesiaba era un gran pene que llene su vagina de semen.

Preferiría comprar alambre antes de ir a tu depa.
¿Alambre?
Soy artista y me encantaría hacerte una pequeña escultura.