viernes, 29 de enero de 2010

NO LE MIENTAS A CECILIA POR INTERNET...

El cuerpo del indígena yacía sobre la cama, mientras Cecilia tomaba una ducha y cantaba en inglés. El jabón olía a detergente barato. Tendría que secarse con esa toalla de felpa blanca tan áspera como las sábanas. Serenamente, se vestía recriminando al inanimado cuerpo. ¿Tú sabes lo que significa guapo y atlético? ¿No te dije que odiaba la mentira? Después de reventarse una espinilla frente al espejo sonrió con optimismo, cogió sus pertenencias y salió.

Cecilia arrastraba su maleta con premura y empujaba abriéndose paso entre la gente. NO veía las horas de estar en el avión. Sus indiferentes ojos miraban en todas direcciones. La counter gastaba saliva explicandole sobre el boarding pass. Poco antes de pasar a la sala de embarque vio algo que la tentó.
Brad Pitt: Hola
Venus: Edad, ciudad
Brad Pitt: 17, Caracas
Cecilia había escogido a la diosa del amor por nickname. No le interesaba conversar con adolescentes.
Peter: HI
Venus: hi, a/s/p
Peter: 25, M, New York
Venus: send me a pic
Peter: I am handsome, sweetheart
Venus: Are you sure about that?? I don't like liers
Una línea aérea anunciaba su vuelo con destino a Miami. Antes de dirigirse a la sala de embarque quemaba sus últimos minutos en aquella pantalla de fantasía.

Buenos días, una sonrisa obligada le daba la bienvenida. Cecilia avanzaba por al angosto pasillo empujando a la gente. Su sitio estaba al costado de la ventana como ella había solicitado. Una vez sentada, se divertía observando a los pasajeros que tenían dificultades en acomodar su equipaje en la cabina. Sacó de su bolsillo unas gomas de osito, comenzó a masticarlas con avidez y espero que a alguien le cayera alguna maleta en la cabeza.

Cecilia hacía caso omiso a las indicaciones de las uniformadas que paradas en el pasillo mostraban con sus brazos las puertas laterales del avión, haciendo creer a los ilusos pasajeros que si el avión se estrellaba, alguien tendría la posibilidad de salvarse. La ciudad se hacía pequeña como una maqueta y Cecilia deseaba vomitar sobre aquellos techos mohosos y opacos que daban una impresión de suciedad y pobreza.
¿Desea unos audífonos para escuchar la película? le preguntó un amanerado joven.
Deseo que me dejen en paz.
Luego cerró los ojos y recordó.
Vampiro: Qué lindo nick ¿eres una diosa?
Venus: Por supuesto. Edad, sexo, país
Vampiro: 29, m, Perú
Venus: Cómo eres?
Vampiro: Alto, guapo y atlético
Venus: De verdad? Mira que detesto que me estafen.
Vampiro: ¿Qué sentido tendría mentirte? ¿De qué color es tu sostén?
Venus: Veo que eres rápido. Negro de encaje. Ya que te asinceras tan rápido, quisieras tirarme?
Vampiro: Claro que si. ¿Como estás vestida?
Venus: Eso que te importa acaso eres fetiche??
Vampiro: Me gusta que seas directa muñeca
Venus: ¿Te parece si nos vemos esta tarde?
Cecilia se desconectó para darse un duchazo. No veía las horas de ser poseída.

El hombre que atendía en la recepción no prestaba mucho interés en los clientes. Sólo se limitaba a entregar llaves y asegurarse de la previa cancelación de treinta soles.
Disculpa, la habitación de una tal vampiro?
La 202
Cecilia subía las escaleras imaginando lo que haría. Los fluidos que generaba su vagina habían traspasado el calzón hasta humedecer incluso su pantalón. La puerta estaba abierta y entró. Al cruzar el umbral percibió un fuerte vaho. El cuarto era un refugio para parejas desenfrenadas que daban rienda suelta a sus más bajos instintos. En el medio, se encontraba una cama de dos plazas cubierta por una colcha huachafa y barata. El ambiente estaba caldeado y podía percibir el olor a sexo. Vampiro apareció tras la puerta del baño con el torso descubierto y una toalla blanca amarrada a la cintura. La descripción no coincidía con la realidad. De alto, atlético y bien parecido hombre, Cecilia tenía ante ella a un antónimo.
Hola, Venus, realmente eres preciosa
Lástima que no pueda decir lo mismo de ti.
Ja ja, esbozó una sonrisa nerviosa y acotó: tu sabes el juego del chat es así.
Lo de la mentira lo vamos a arreglar después. Ahora sólo me interesa saciar mi sed de sexo. Diciendo estas palabras, se acercó al enano engendro y le arrancó la toalla de un jalón. Entonces obserbó interesada, lo único que realmente valía la pena en ese cuerpo humano. Eso era el miembro viril, que muerto y flácido daba la sensación de medir unos veinte centímetros.

Cecilia comenzó a desvestirse ante los anonadados ojos del indígena quien había sido aceptado por ella pese a su engaño. Vampiro la sujetó fuertemente de ambos brazos y comenzó a besarla con ferocidad. Entre besos y mordiscos, el hombre se las ingenió para destapar la colcha. La tiró sobre las acartonadas sábanas, otrora blancas y siguió besando con desesperación el cuerpo de la mujer mientras ésta jadeaba. Cecilia sentía que su espalda se raspaba contra la alijada sábana debido al peso que tenía sobre ella, pero no le importaba. A pesar del asco, estába excitadísima y embriagada de placer. Sentía que el flácido músculo se había transformado en un mazo duro y caliente que se frotaba con su pubis. Ambos gemían y no dejaban de segreggar líquido de sus genitales. Vampiro la penetró con facilidad. Cecilia gritaba frenéticamente y deliraba con los ojos desorbitados. El semental, ahora también apestoso arremetía su órgano brutalmente contra la vagina y el sudor de ambos caía. Vampiro ahogó un grito sobre el hombro de su diosa y el ajetreo cesó. Cecilia no había llegado al orgasmo.

Desea pollo con vegetales o carne con tortilla de papa?
Una azafata le ofrecía el almuerzo.
Dije que me dejaran en paz, señorita respondió la iracunda soñadora y volvió a sus recuerdos.

¿Te gustaría limpiármelo con la lengua? sugirió el atrevido contrahecho.
Cecilia estaba enloquecida y sólo se dejaba guiar por su instinto animal, el cual había aflorado. Se puso de cuclillas para cometer felatio. Entre sus dedos tenía el pene de Vampiro aún latente. El glande tenía residuos de semen. Una vez que se metió el miembro en la boca, no podía tragárselo todo. Lo succionaba con ganas pero ella no se había olvidado de la mentira. Con los ojos bien abiertos para poder ver el gesto su víctima, mordió el músculo semi flácido con tal arrebato y odio que Vampiro lanzó un grito de dolor insufrible, pensando que había sido cercenado. Los dientes de Cecilia estaban impregnados de sangre.
Maldita loca!!! gritaba el adolorido indígena, protegiendo su virilidad.

Cecilia tenía que silenciarlo. Gritaba mucho y la trastornaba. En menos de un minuto hurgó en su mochila y encontró un alambre. Saltó sobre la cama aprovechando que el semi castrado hombre se lamentaba. Le colocó el fino pero eficaz alambre alrededor del cuello y lo jaló con mucha fuerza mientras contaba hasta 50 en alemán. Vampiro trató infructuosamente de zafarse del fatal castigo. Los ojo casi se le salían y su cara estaba morada. Al final del conteo, la políglota aflojó. Con un suspiro, desenrolló el arma asesina para guardarla nuevamente. Una vez más no utilizaría el alambre en una de sus extravagantes esculturas.
¿Me invitas un whisky? preguntó Cecilia
Disculpe señorita pero ya estamos por aterrizar.

Bajó del avión desesperada. Esperaba tener suerte esta vez. Tenía que encontrarse con un judío adinerado cuyo nickname era Lancelot. El era operador del canal de Florida y la había invitado a psar una semana en su pent house ubicado en Ocean Drive, tras 4 semanas de chateo incesante. ¿Qué exquisitez! pensaba la asesina, una semanita en la playa, sexo todo el día y compras en los malls. Saliendo de migraciones un hombre de unos 40 años portaba un cartel que decía CECILIA. La sonrisa de la viajera se fue desdibujando a medida que se aproximaba, pero algo le recordaba que debía fingir. Y sonriente frente a la persona del cartel:
¿Lancelot? Perdón, eres Jacobo?
Si, cómo estás mi querida Venus? le respondió con suprema felicidad.
Al menos camino quizo responderle ella.
Cecilia empujaba la silla de ruedas consolando al paralítico.
No te preocupes, todos mentimos en el mundo del chat.
¿Te gustaría pasear por South Beach? le preguntó el parapléjico ignorando que lo que la mujer necesiaba era un gran pene que llene su vagina de semen.

Preferiría comprar alambre antes de ir a tu depa.
¿Alambre?
Soy artista y me encantaría hacerte una pequeña escultura.

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